📖 Comentarios del Estudio de La Atalaya | Sigue conociendo mejor a Jehová (21 al 27 de septiembre de 2026)
Sigue conociendo mejor a Jehová
Bienvenidos a los comentarios preparados para el Estudio de La Atalaya del 21 al 27 de septiembre de 2026, basados en el artículo "Sigue conociendo mejor a Jehová". Conocer a Dios no es memorizar datos, sino cultivar una amistad cercana con Él, aprendiendo qué le agrada y qué le entristece. Este artículo nos ayuda a entender qué implica realmente conocer a Jehová y qué podemos hacer, como Josías, María o Patrick, para seguir profundizando esa relación mediante la Biblia, la creación y nuestras propias experiencias, tal como nos anima 1 Crónicas 28:9: "Conoce al Dios de tu padre y sírvele con un corazón completo". Aquí encontrarás respuestas listas para participar en las 18 preguntas del estudio y en el repaso final, para que puedas prepararte con calma antes de tu reunión de congregación.
Al reflexionar en el inmenso conocimiento, la infinita sabiduría y las maravillosas obras de Jehová, nos sentimos profundamente admirados y muy pequeñitos. Comprendemos que sus pensamientos superan por completo nuestra razón y que sus decisiones son siempre perfectas, justas y sabias para cuidarnos.
Romanos 11:33, 34 nos enseña que los caminos de Dios son inexplorables. Esta gran verdad nos llena de asombro y humildad al contemplar la creación. Nos damos cuenta de que, aunque jamás comprenderemos cada detalle de su mente infinita, contemplar su grandeza fortalece nuestro respeto reverente hacia Él y nos motiva a alabar su nombre con todo el corazón.
Meditar en las obras creativas y la sabiduría divina nos ayuda a mantener una actitud humilde ante nuestro Creador. Comprendemos nuestra pequeñez en el universo y la necesidad constante de buscar su guía diaria. Esta actitud nos protege del orgullo y nos anima a valorar cada enseñanza que nos imparte mediante las Sagradas Escrituras.
Reconocer lo limitado de nuestro entendimiento frente al saber absoluto de Dios nos impulsa a confiar plenamente en sus juicios. Cuando enfrentamos situaciones que no logramos comprender del todo, nos fortalece saber que Jehová actúa siempre con sabiduría suprema, permitiéndonos descansar con absoluta tranquilidad en sus amorosas promesas.
Sabemos que es posible conocer a Jehová porque la Biblia nos asegura que si lo buscamos de corazón, Él dejará que lo encontremos. Además, Jesús vino a la tierra con el propósito especial de enseñarnos la verdad y ayudarnos a conocer realmente la personalidad de su amoroso Padre celestial.
1 Crónicas 28:9 e 1 Juan 5:20 muestran que Dios desea que sus siervos lo conozcan y le sirvan con un corazón completo. Aprendemos que no se trata de un misterio inalcanzable, sino de una relación cercana que podemos cultivar mediante el estudio, la oración constante y el esfuerzo sincero por aplicar sus justos principios en nuestra vida cotidiana.
Mateo 11:27 destaca el papel fundamental de Jesucristo para revelar la personalidad del Padre a la humanidad. Al observar la ternura, compasión y paciencia con las que Jesús trató a las personas, aprendemos cómo es Jehová en realidad. Este conocimiento nos acerca a Él y nos da la plena certeza de que es un Dios sumamente accesible.
Saber que el Creador del universo nos invita a entablar una amistad con Él nos llena de profunda gratitud y esperanza. Entendemos que Él valora nuestro deseo sincero por acercarnos a su lado. Esta valiosa oportunidad nos motiva a seguir estudiando las Escrituras para fortalecer nuestro vínculo de confianza con nuestro Dios día tras día.
En este artículo analizaremos tres preguntas fundamentales: qué implica conocer a Jehová, por qué debemos esforzarnos por conocerlo cada día mejor y de qué maneras prácticas podemos lograrlo. Todo con el propósito firme de fortalecer nuestra confianza en Él y descubrir qué cosas lo hacen feliz.
Juan 17:3 nos enseña que el proceso de conocer a Dios y a Jesucristo es un camino continuo que jamás termina. Aprendemos que, sin importar cuántos años llevemos en la verdad, siempre hay hermosas cualidades que descubrir de Jehová. Mantener este deseo vivo nos ayuda a evitar el estancamiento espiritual y a renovar nuestro amor por Él.
Comprendemos que el conocimiento de la verdad no debe convertirse en una simple rutina de lectura o asistencia a reuniones. Este análisis nos invita a examinar la calidad de nuestro corazón y nuestras verdaderas motivaciones. Nos impulsa a buscar activamente nuevas maneras de complacer a nuestro amoroso Padre en todo nuestro andar.
El estudio nos guiará para evaluar y fortalecer nuestra fe de manera individual. Reconocemos que el verdadero crecimiento espiritual depende de nuestro esfuerzo constante por aplicar lo aprendido. Así podremos afrontar las pruebas con firmeza y cultivar un amor más profundo y sincero por nuestro Creador a lo largo del tiempo.
Conocer a Jehová implica mucho más que saber su nombre o que existe. Significa involucrar todo nuestro corazón, sentimientos y motivaciones para llegar a amar sus maravillosas cualidades y su personalidad, logrando así una profunda unión de afecto y lealtad con Él, como cuando alguien se enamora sinceramente.
Jeremías 24:7 revela que Dios desea darnos un corazón para que lo conozcan de verdad. Aprendemos que la diferencia entre saber de Dios y conocerlo radica en el impacto que su verdad tiene en nuestras emociones y acciones. No basta con acumular información en la mente; debemos permitir que su Palabra transforme nuestra vida interior y nuestras metas.
Entendemos que conocer a Jehová requiere una experiencia personal y viva con su amor y guía constante. Cuando vemos cómo responde nuestras oraciones y apoya nuestras decisiones, su personalidad se vuelve real para nosotros. Esta vivencia práctica transforma el conocimiento teórico en una devoción viva, madura y resistente ante cualquier prueba.
Comprender las hermosas virtudes de Dios nos motiva a imitarlo en nuestra conducta hacia el prójimo. Aprendemos a ver a las personas con su compasión, paciencia y justicia. De este modo, conocer a Jehová se refleja directamente en la forma en que pensamos, hablamos y tratamos a quienes nos rodean cada día.
El ejemplo del rey Josías nos enseña que conocer a Jehová implica aprender qué le agrada y qué le desagrada, y ponerlo en práctica. Él no solo estudió la Ley, sino que actuó con justicia y rectitud defendiendo a los pobres, demostrando que conocer a Dios es hacer su voluntad de corazón.
2 Crónicas 34:3 y Jeremías 22:15, 16 muestran que Josías buscó a Dios desde joven y promovió la justicia social y espiritual. Aprendemos que el verdadero conocimiento divino se refleja en nuestras acciones hacia los necesitados. Servir a Jehová con integridad y defender los principios piadosos es la prueba real de que lo conocemos de corazón.
Observamos que Josías no permitió que su juventud ni las malas influencias le impidieran buscar la aprobación divina. Su historia nos enseña a ser valientes al aplicar la Palabra de Dios en nuestra vida cotidiana. Buscar a Jehová implica tomar decisiones decididas para erradicar cualquier práctica que desagrade a nuestro Creador.
Entendemos que Jehová valora especialmente cuando defendemos a los necesitados y mostramos imparcialidad en nuestro trato. La lección de Josías nos anima a examinar cómo tratamos a los demás en la congregación y en la familia, asegurándonos de que nuestras acciones siempre reflejen el amor y la rectitud que Dios espera de sus siervos.
Cuanto más conocemos a Jehová, más aumenta nuestra confianza en Él. Este conocimiento nos da la certeza de que nunca abandona a quienes lo buscan, permitiéndonos afrontar dificultades, persecución o la vejez con la calma de saber que nuestra vida y futuro están completamente seguros en sus manos.
Salmo 9:10 y 2 Timoteo 1:12 muestran la gran fe del apóstol Pablo al declarar desde la prisión: "Sé en quién he puesto mi confianza". Aprendemos que las experiencias que vivimos junto a Dios fortalecen nuestra convicción. Aunque enfrentemos momentos de incertidumbre, conocer su fidelidad nos ayuda a mantenernos valientes y firmes hasta el final.
Comprendemos que la confianza verdadera en Dios no nace de la noche a la mañana, sino de comprobar su lealtad constante. Al ver cómo sus promesas se cumplen en nuestra vida y en la hermandad mundial, nos convencemos de que jamás nos fallará, disipando cualquier temor sobre el futuro o las necesidades materiales de cada día.
Saber que Dios recuerda nuestro servicio fiel y que tiene el poder de resucitarnos quita el miedo a la muerte o al sufrimiento. Esta certeza nos impulsa a seguir adelante con gozo, seguros de que no hay sacrificio hecho por su Reino que pase desapercibido ante sus ojos compasivos y amorosos.
Con el paso del tiempo, podríamos correr el riesgo de perder el entusiasmo inicial por aprender sobre Jehová. Al leer la Biblia o estar en las reuniones, podríamos concentrarnos solo en buscar ideas para ayudar a otros o aplicaciones prácticas, olvidando preguntarnos principalmente qué nos enseña cada texto sobre la persona de Dios.
2 Timoteo 3:16, 17 y Salmo 25:8-10 nos recuerdan que las Escrituras son útiles para enseñar y corregir, pero su propósito supremo es revelarnos al Creador. Aprendemos que debemos cuidar nuestra actitud al estudiar, evitando la rutina mental. Cada pasaje bíblico debe ser una oportunidad para descubrir y admirar más la personalidad de nuestro Dios.
Reconocemos la importancia de mantener la motivación correcta durante nuestro estudio personal de la Biblia. Aunque es excelente buscar textos para animar a nuestros hermanos, no debemos descuidar nuestro propio alimento espiritual. Es vital preguntarnos siempre cómo cada lectura fortalece nuestro amor, respeto y devoción directa hacia Jehová.
Comprendemos que el estancamiento espiritual puede comenzar sutilmente si dejamos de maravillarnos con las cualidades divinas. Para evitarlo, debemos esforzarnos por meditar en el carácter de Dios detrás de cada relato, ley o profecía, garantizando que nuestro conocimiento siga creciendo y manteniéndose siempre vivo, tierno y profundo.
Conocer más a Jehová estrecha nuestra amistad con Él y llena nuestro corazón de profunda gratitud. Al aprender sobre sus bellas cualidades en la Biblia, reuniones o asambleas, nos sentimos impulsados a alabarle, a darle las gracias y a considerarlo nuestro amigo más valioso y nuestro refugio eterno.
Salmo 73:24-28 expresa cómo el salmista reconoció que Dios era la roca de su corazón y su porción para siempre. Aprendemos que acercarnos a Dios nos genera una inmensa paz espiritual. Cuando meditamos en su infinito amor y en su guía constante, nuestro afecto por Él crece y su amistad se convierte en nuestro mayor tesoro.
Entendemos que la verdadera amistad con Dios se alimenta mediante la meditación atenta y sincera. Al reflexionar en cómo nos apoya diariamente, nuestra gratitud se convierte en expresiones espontáneas de alabanza y oración. Esta relación personal sólida nos sostiene con firmeza frente a las dudas o desánimos que presenta el mundo.
Comprobar el cuidado y la ternura de Dios fortalece nuestro deseo de serle leales pase lo que pase. Nos convence de que estar cerca de Jehová es lo mejor para nosotros. Esta íntima amistad se transforma en el motor principal que guía nuestras decisiones y nos llena de una alegría auténtica e inquebrantable.
Tomaremos mejores decisiones si tenemos presente a Jehová en todo momento, recordando que nuestras acciones le afectan. Así como una persona mira la foto de su cónyuge para recordar su amor y evitar lastimarlo, tener presente a Dios nos motiva a elegir lo que le agrada y evitar lo que lo entristece.
Proverbios 3:5, 6 y Salmo 19:13, 14 nos animan a tomar en cuenta a Dios en todos nuestros caminos para que Él enderece nuestras sendas. Aprendemos que antes de actuar debemos reflexionar en cómo nuestras elecciones influyen en nuestra amistad con Él. Buscar la aprobación divina en cada detalle de la vida nos protege de graves errores.
El ejemplo de conservar una fotografía nos ilustra la importancia de tener a Jehová siempre en nuestra mente. Comprendemos que las decisiones cotidianas, en el entretenimiento, empleo o relaciones humanas, son oportunidades para demostrar nuestro amor por Él. Al actuar así, mantenemos una conciencia limpia y una vida sumamente bien orientada.
Entendemos que considerar los sentimientos de Dios refina nuestros deseos y pensamientos más íntimos. Nos ayuda a reaccionar correctamente ante tentaciones inesperadas. Al cultivar el hábito de preguntarnos qué le agradaría a Jehová, tomamos decisiones sabias que nos benefician a nosotros y honran el santo nombre de nuestro Padre celestial.
Al aprender más sobre Jehová, lograremos saber cómo imitar y reflejar sus hermosas cualidades cada vez mejor en nuestra vida diaria, ya que fuimos creados a su imagen y semejanza. Así evitamos caer en el error de priorizar solo reglas mecánicas mientras desatendemos la justicia y la misericordia.
Como fuimos creados a la imagen de Dios, tenemos la capacidad natural de reflejar sus atributos. Sin embargo, para hacerlo de forma equilibrada necesitamos seguir estudiando sus leyes y principios. Al profundizar en la Palabra divina, no solo acumulamos información, sino que moldeamos nuestra personalidad para que cada una de nuestras acciones diarias exprese el profundo amor que sentimos por nuestro Creador.
Mateo 23:23 nos muestra el mal ejemplo de los escribas y fariseos, quienes se centraban en detalles minuciosos de la Ley pero descuidaban la justicia, la misericordia y la fidelidad. Aprendemos que no debemos ser religiosos fríos o superficiales; entender la verdad implica dar prioridad a lo que Jehová más valora y demostrar un interés sincero por el bienestar de las personas en todo momento.
1 Juan 4:8, 11 nos enseña que Dios es amor y que ese profundo afecto debe impulsarnos a amarnos unos a otros. Al estudiar los mandamientos bíblicos, comprendemos el espíritu que hay detrás de cada uno de ellos. Esto nos motiva a imitar la bondad divina en la congregación y en la familia, demostrando con hechos que conocemos realmente la hermosa personalidad de nuestro Padre.
Empezamos a conocer a Jehová de diversas maneras, sea mediante la enseñanza de nuestros padres desde la infancia, por el estudio personal de la creación o gracias a las clases bíblicas que nos dio un Testigo con publicaciones adaptadas, las cuales nos ayudaron a meditar para descubrir su hermosa personalidad.
Aunque los comienzos en la verdad varían en cada persona, el factor común es que siempre hubo alguien o algo que nos ayudó a meditar en el Creador. Ya fuera observando la naturaleza o analizando relatos bíblicos en las reuniones, esos primeros pasos encendieron en nuestro corazón el deseo sincero de cultivar una amistad duradera con el Dios verdadero y soberano.
Nehemías 8:8 muestra que al leer la Ley divina es fundamental aclarar el sentido para que las personas puedan comprender la lectura. Aprendemos la importancia de meditar en lo que se nos enseña para que el conocimiento llegue al corazón. No basta con escuchar o leer rápido; debemos tomarnos el tiempo para razonar en las lecciones y aplicarlas en nuestra vida.
Hechos 14:17 nos recuerda que Dios nunca se ha quedado sin dar testimonio de su bondad mediante las lluvias y las estaciones fructíferas. Esta verdad nos enseña que la creación es una herramienta viva para percibir la generosidad de Jehová. Observar cómo cuida de la tierra desde nuestros primeros pasos en la fe fortalece nuestra gratitud hacia su amoroso sustento.
Al leer la Biblia aprendemos sobre las virtudes de Jehová al analizar los relatos humanos y las decisiones de los personajes. Por ejemplo, la historia de Ébed-Mélec rescata a Jeremías y muestra que Dios es profundamente agradecido, imparcial y justo al proteger a quienes confían plenamente en Él.
Aunque algunos textos mencionan directamente los atributos de Dios, la mayoría de los pasajes muestran cómo trata a personas reales en situaciones difíciles. Para captar esas valiosas lecciones, debemos dedicar tiempo a meditar en lo que cada relato revela sobre su carácter. Al hacerlo, descubrimos su justicia y compasión, lo que nos impulsa a alabarlo y darle las gracias.
Jeremías 39:15-18 revela que Jehová prometió salvar a Ébed-Mélec porque este confió en Él al rescatar al profeta. Aprendemos que nuestro Dios jamás olvida los actos de valentía y amor que realizamos por sus siervos. Saber que Él valora nuestro apoyo mutuo nos llena de confianza y nos motiva a mantenernos leales en momentos de intensa prueba.
La imagen de Ébed-Mélec sacando a Jeremías de la cisterna nos muestra el gran valor que tuvo al proteger la vida del profeta ante hombres armados. Esta escena nos enseña que Jehová bendice a quienes actúan con decisión y empatía para ayudar a sus hermanos. Nos anima a imitar esa misma valentía y compasión ante las necesidades de nuestros compañeros de fe.
Además de observar la creación, debemos usar la mente para detenernos a reflexionar y razonar en las cosas creadas, pues solo así percibiremos con claridad las cualidades invisibles de Dios, como su poder, sabiduría y amor, las cuales resultan visibles a los ojos de la inteligencia.
Muchas personas estudian la naturaleza a fondo sin reconocer al Creador, porque se quedan en el simple análisis científico o superficial. Para que la creación nos acerque a Dios, es imprescindible razonar en el diseño que hay detrás de cada detalle. Usar nuestro entendimiento nos permite contemplar la inmensa sabiduría divina y valorar el amor con el que preparó la tierra.
Salmo 145:9, 10 nos recuerda que Jehová es bueno con todos y que todas sus obras lo alaban. Aprendemos que al reflexionar en la magnificencia del universo, nuestro corazón se llena de deseos de bendecir a Dios. La creación no solo adorna el planeta, sino que da un testimonio silencioso que nos mueve a dar gracias por la infinita bondad que manifiesta hacia nosotros.
Romanos 1:20 explica que las cualidades invisibles de Dios se ven claramente desde la creación del mundo porque se perciben por medio de las cosas hechas. Comprendemos que no tenemos excusa para ignorar al Creador; dedicar tiempo a contemplar la vida nos ayuda a fortalecer nuestra fe y a valorar la paciencia y el poder que Él demuestra para cuidar de toda su obra.
Patrick se esforzó por observar la naturaleza desde su balcón en una gran ciudad, fijándose en cómo los insectos y pájaros buscan alimento y hacen sus nidos. Al meditar en esto, comprendió que si Jehová cuida a criaturas tan pequeñas, jamás se olvidará de él ni de sus necesidades.
Incluso si vivimos en zonas urbanas rodeadas de concreto, podemos aprender de la creación si nos detenemos a reflexionar en lo que nos rodea. Observar detalles sencillos, como las aves o las plantas, nos ayuda a ver la mano de Dios en el sustento de la vida. Esta buena costumbre entrena la mente para recordar diariamente que nuestro Padre celestial está atento a cada una de nuestras inquietudes.
El testimonio de Patrick nos enseña que no hace falta viajar a lugares remotos para percibir la sabiduría de Dios. Un simple detalle de la fauna urbana nos permite recordar el amoroso cuidado de Jehová. Aprendemos a no ahogarnos en las ansiedades de la vida citadina, recordando que el Creador que alimenta a los pajaritos cuidará siempre de nosotros.
La imagen muestra a una hermana en su balcón observando a un pequeño colibrí alimentarse entre las flores. Esta escena nos enseña que podemos hacer una pausa en la rutina diaria para admirar la creación que nos rodea. Meditar en la delicadeza con que Dios alimenta a esas criaturas nos llena de paz y refuerza nuestra confianza en su constante protección.
María meditó profundamente en cómo Jehová la ayudó y apoyó mediante el ángel Gabriel y Elisabet al darle una gran responsabilidad. Esto le permitió percibir su poder, misericordia e interés por los humildes, algo que imitamos al reconocer la mano de Dios en nuestra propia vida diaria.
Aprender de Jehová también requiere examinar nuestras experiencias personales con oración y gratitud. Cuando pasamos por momentos difíciles y percibimos la ayuda oportuna de Dios, debemos preguntarnos qué nos enseña eso sobre sus atributos. Meditar en las respuestas a nuestras oraciones fortalece el vínculo espiritual y nos da la certeza de que nunca estamos solos.
Lucas 1:46-55 y Hebreos 4:16 resaltan el cántico de alabanza de María y la invitación a acudir al trono de la bondad inmerecida para recibir ayuda en el momento oportuno. Aprendemos que cuando experimentamos la ayuda de Dios, debemos expresarle nuestro agradecimiento. Acudir a Él en oración nos confirma su inmensa misericordia hacia quienes le sirven con humildad.
La serie de imágenes muestra a un hermano orando muy nervioso antes de presentar un discurso y luego haciéndolo con tranquilidad en la plataforma. Esta ilustración nos enseña que al sentir cómo Jehová nos da paz y fuerzas ante un desafío, debemos meditar en esa ayuda. Así confirmamos que Él nos apoya con su espíritu cuando confiamos en su guía.
Podemos decir que nunca dejaremos de aprender sobre Jehová porque Él es un Dios eterno de entendimiento infinito. Aunque en el nuevo mundo disfrutaremos de los nuevos rollos, exploraremos la naturaleza y verás resurrecciones, las obras del Creador son tan vastas que la humanidad jamás las comprenderá por completo.
La eternidad nos ofrecerá el privilegio maravilloso de descubrir constantemente nuevos aspectos de la personalidad divina. Dado que la sabiduría de nuestro Padre no tiene límites, cada día en el Paraíso nos traerá sorpresas, conocimientos frescos y motivos adicionales para amarlo. Esta perspectiva nos anima a valorar desde ahora cada oportunidad de estudio sin perder jamás el entusiasmo.
Salmo 90:2, 147:5 y Apocalipsis 20:12 nos recuerdan que Dios es desde siempre y para siempre, que su entendimiento es incalculable y que se abrirán nuevos rollos en el futuro. Aprendemos que nuestro aprendizaje espiritual no terminará con esta vida. La eternidad será una aventura interminable de descubrimiento que profundizará nuestro amor por el Creador.
Eclesiastés 3:11 señala que Dios ha puesto la eternidad en el corazón humano, pero la humanidad nunca comprenderá totalmente sus obras. Nos enseña que la vida eterna en la Tierra, rodeados de seres queridos resucitados y una naturaleza perfecta, será el marco ideal para maravillarnos para siempre con la sabiduría infinita de nuestro amoroso Padre celestial.
Comentario 1: Conocer a Jehová implica mucho más que saber que existe o memorizar datos sobre Él. Significa amar profundamente sus hermosas cualidades, comprender sus sentimientos y permitir que su verdad moldee nuestra vida, fortaleciendo una amistad cercana y leal.
Comentario 2: Conocer a Jehová implica involucrar todo nuestro corazón para llegar a amar sus maravillosas cualidades y su recta personalidad. Exige que aprendamos qué cosas le agradan y cuáles le entristecen para tomar buenas decisiones. No se trata de acumular información en la mente, sino de cultivar una relación íntima y afectuosa que nos impulse a obedecerle e imitarlo.
Comentario 1: Debemos esforzarnos porque este conocimiento fortalece nuestra confianza en Él durante las pruebas y nos impulsa a tomar mejores decisiones. Además, profunda nuestra gratitud, une más nuestro corazón al suyo y nos permite disfrutar de una amistad eterna.
Comentario 2: Debemos esforzarnos por conocerlo mejor porque cuanto más aprendemos sobre sus virtudes, más crece nuestra confianza en sus promesas y menos nos intimidan los problemas. Nos ayuda a tomar decisiones sabias que alegran su corazón y evitan que lastimemos nuestra amistad con Él. Además, nutre nuestra gratitud y nos garantiza una vida llena de propósito y paz.
Comentario 1: Podemos lograrlo al estudiar y meditar en las Escrituras, reflexionar en los detalles de la creación que revelan sus cualidades invisibles y observar agradecidos cómo su amoroso apoyo y constante guía se manifiestan en nuestra vida cotidiana.
Comentario 2: Podemos lograrlo mediante tres vías fundamentales: leyendo la Biblia para descubrir sus atributos detrás de cada relato, observando y razonando en la creación para percibir su sabiduría y poder, y meditando en cómo nos ayuda personalmente a diario. Al usar nuestra mente y corazón para reflexionar en estas demostraciones de amor, nos acercamos más a Él.

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